Que el mundo está en constante cambio es un hecho, y que el ritmo de eurovisión para adaptarse a la realidad es un poco lento también es otro hecho. Siempre hemos comentado que lo que en el festival empieza a ser moderno, en la vida real empieza a ser vintage. Por eso me estoy planteando si, 17 años después del boom de los realities, Eurovisión se está convirtiendo en uno de ellos.

Fruto de los cambios más recientes en eurovision, sobre todo desde la aparición de las semifinales y más aún con el nuevo sistema de votaciones, me da la sensación de que las canciones están perdiendo puntos de importancia a medida que el espectáculo lo gana. Y como espectáculo no me refiero solo a la actuación en sí, con sus pantallas gigantes y sus fuegos artificiales, sino a factores totalmente extrínsecos.

Entiendo que es inevitable que en la actualidad, todo es noticia, y factores que antes desconocíamos ahora son públicos en tiempo real. Discusiones entre países, enfermedades de los artistas…eurodramas varios son manejados por prensa y eurofanes al dedillo. Y esto conduce a que, como ocurre en OT (y en la vida real) es la filia con el artista (y el país, en el caso de Eurovisión) lo que pesa cada vez más a la hora de votar, dejando un poco de lado la cuestión artística.

Llevamos varios años en los que Rusia está siendo protagonista inequívoca de ello. Por ejemplo cuando en 2015 Suecia ganó, pero el público parecía celebrar, más que la victoria de Måns , el hecho de que Rusia no lo hacía. Por no hablar de 2016 y el Jamalazo.

Y a todo esto tenemos que sumar la manera actual de dar los resultados, en los que la Green Room cobra un protagonismo absoluto que antes no tenía. Ahora ya desde las semifinales vemos a los artistas sufrir lo insufrible a la espera de escuchar si su nombre suena entre los afortunados. Incluso en la final vemos la cara que se les queda a los pobres austriacos cuando les dan el humillante cero del televoto (cosa que antes no ocurría)…o escuchamos al público celebrar los 5 puntitos a España. Y en la parte opuesta de la tabla, vemos al chiquito búlgaro al borde del infarto, curiosamente frente a un Salvador Sobral aparentemente ajeno a todo (y el resto sufriendo por si le daba un infarto). ¿Interés general? ¿Morbo? ¿Todo por la audiencia? Pues un poco de todo ¿no? Un poco de gustirrinín sí que da verles padecer…

Lo dicho, antes en Eurovisión sólo se veían celebraciones de alegría, descorche de champange y confeti. Eran otros tiempos. Hoy en día eso ha cambiado y (afortunadamente) han conseguido convertir una largas y soporíferas votaciones en algo que nos mantiene enganchados hasta el final a la espera de un vuelco en los resultados, aunque para ello los artistas se vean un poco más expuestos. Pero, volviendo al tema reallity…para eso van ¿no? o no…ay, no sé…

Igual desde la UER tendrían que ir pensando en adaptarse más aún a los tiempos que corren y en cualquier momento es posible que nos econtremos con un «¡Manel Navarro, estás nominado!» ¡Quién sabe!

Post Author: Sergio

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Galeria Podcasts

A %d blogueros les gusta esto: