Hace dos días veíamos a Sobral, ya con el pelo limpio (¡Mr. Proper!) lanzándole el premio a Netta Barzilai, camino de la salida de emergencia más cercana.

Y total, porque todos opinamos por encima de nuestras posibilidades (Category is: Twitter Stravaganza). Además, después podemos hacer como que nos disculpamos y volver a Party City (que es a donde pertenecemos) sin mucho más problema.

Total, que hace nada ganaba Netta en Portugal (¡PORTUGAL!) y estamos ya con un pie metido en Israel. Y la verdad es que Israel no es un país con suerte. Desde el minuto uno les han llegado miles de críticas por cualquier cosa ocurrida en el país en los últimos meses (sin ser ellos nada de eso).

Año tras año, uno va corriendo cortinas de plástico en esto de estar estudiando tercero de Eurofan, aquí en A Million Voices. Y un servidor, sin mucha retentiva, pero que recuerda como nadie los momentos vividos, recopila sensaciones parecidas año tras año, pero sensaciones fuera del conocimiento funcional. Sensaciones que no son extrapolables. A nada. Nunca.

Me explico: en 2016 me lancé a gritarle al mundo que Say Yay era la mejor propuesta queEspaña había enviado a Eurovisión desde su inicio. “Que sí, tía, que incluso canta en inglés y mola un montón. Y que da igual que copie el concepto de Sense8, porque el resultado es genial y este año lo peta, fijo”. ¡Zas! en toda la cara.

Uno se vuelve cauto.

Precaución innecesaria en el caso de Manel Navarro. ¿Who? Pues eso. Entonces la marea Almaier nos hace creer a algunos que ELLOS van a enamorar a Europa. Y así, como en un rinconcito de nuestros sus corazones, albergamos albergan esa pequeñita luz. Porque, oye ¿quién sabe, no?.

Este año, es mi tercera exposición a todo el ciclo eurovisivo y esto ya debería haberme hecho callo, pero tenemos al carismático Miki y su La venda. Y entonces, te das cuenta que te has quedado demasiado tiempo con los ojos muy abiertos, pensando en silencio, cuando alguien te pregunta: “¿Y qué tal la canción de este año?”. Y no tienes respuesta.

Y es que ya no sabes nada. Cierto es que, de repente, te oyes a ti mismo con el LOLOLOLOLOLOOOOOOOO y meneando el culete, haciendo palpitar tus glúteos de forma intermitente contra la silla. ¿Y qué? Estás igual de perdido que el primer año.

Desde mi atrevida ignorancia, una pequeña lucecita me dice que quizás este año sí, que podemos ganar gustar, pero que también puede que sea pura aceptación de lo que eres, eres, eh.

Y en cualquier caso, a estas alturas, hasta las opiniones de los más expertos son una mezcla de ilusiones proyectadas, conocimientos arriesgadamente extrapolados y muchas ganas de twittear opinar.

Porque, pensemos lo que pensemos, es muy fácil dictar sentencia en Party City. ¿No?


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