Ahora que han pasado unos días desde la final del Festival, quizás es el momento de echar la vista atrás a lo que ha sido este año eurovisivo.

Desde la victoria de Netta, hemos pasado por el despunte de Eleni Foureira, el lio inicial de la guerra (ejem) entre TelAviv y Jerusalén para celebrar el festival. Hubo intentos por parte de los sectores religiosos más radicales de respetar a rajatabla el Sabbat, lo que llevaba a celebrar el festival el domingo, algo inviable en los planes de la UER. y vivimos la cautela con la que los eurofans afrontaban el viaje a Israel, tanto por la situación bélica en la zona de Gaza, como por la presencia de decenas de miles de homosexuales (guuuurl) visitando Jerusalén en masa (ni que se fuese a convertir en un challenge, oye).

Después de las primeras polémicas y aprovechando que el río Jordán pasa por Cisjordania, se ha hecho un pinkwashing (técnicas comerciales y de marketing para acercarse a la comunidad LGTBIQR++@@) como una sinagoga de grande.  Está claro que TelAviv es el San Francisco de la Tierra Media Oriente Medio, pero no deja de sorprender que en eventos como las pre-parties te pongan el spot de “un país, dos destinos” metiendo a Jerusalén por medio. Pinkwashing vamos. Moriréis por la sodomía, pero dejad aquí vuestro dinero, gracias. Sigamos.

El Festival en sí ha estado marcado desde un principio por especulaciones. Precios ya altos de por sí de alojamiento en TelAviv, más el hype de Eurovisión, multiplicaron los precios enseguida. Las propias entradas costaban una media de un 30% más de lo habitual. pero se ve que no les ha salido demasiado bien la estrategia, ya que nos comentaba Mario que estaban regalando entradas, haciendo 2×1, invitando a escuelas para que el recinto no se viese vacío. Cobraban 100 € por acceder al Euroclub durante esa semana… aunque después tuvieran que llevarse a la gente a locales más pequeños para que las fiestas no se viesen desangeladas… ¿Fail, quizás?

En el más puro contexto de desarrollo del Festival, nos deslumbraron esas pantallazas del escenario, aunque eso fuese “culpa” de Portugal y la ausencia de ellas en el festival de Lisboa 2018.  Creo que este festival ha sido uno de los que no se recordará especialmente, más allá de la Switch Song, las actuaciones del intermedio con eurovisivos cantando canciones de otros eurovisivos. Ha pasado solo una semana y ya no sabría qué destacar, aunque no soy muy bueno tirando de memoria a corto plazo, ciertamente. Lo que sí sé es que este Israel 2019  no me ha dejado epatado.

Ha ganado Países Bajos, lo que implica que el año que bien nos va a resultar mucho más facilito a todos aquellos que planeamos ir. Sobre todo comparando con este año. País cercano, cultura cercana.

Así que empieza ya la temporada Países bajos 2020, aunque este Sábado a las 11:30 le daremos un repaso a fondo a lo acaecido en TelAviv la semana pasada.

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